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La infectología es una subespecialidad de la medicina interna y de la pediatría que se encarga del estudio, la prevención, el diagnóstico, tratamiento y pronóstico de las enfermedades producidas por agentes infecciosos (bacterias, virus, hongos y parásitos).

 

Las enfermedades infecciosas son y han sido siempre, una importante causa de morbilidad y mortalidad en todo el mundo. El especialista en esta área, es denominado como infectólogo o infectóloga y debe realizar un estudio profundo de las enfermedades y los agentes infecciosos que las originan.

 

Hasta hace relativamente poco, las enfermedades infecciosas representaban el primer lugar en las estadísticas de mortalidad mundial pero, con el advenimiento de los antimicrobianos, los cuales son antiparasitarios, antivirales, antimicóticos y antibacterianos y sumados a otros agentes, como los antisépticos y desinfectantes, ayudan a la disminución y prevención de la propagación agentes infecciosos, gracias a estos las enfermedades infecciosas se han visto desplazadas como causa de mortalidad en el mundo, y han dado paso a un repunte de las enfermedades cardiovasculares y metabolicas.

 

Una enfermedad infecciosa puede ser la manifestación clínica de una infección provocada por un microorganismo —como bacterias, hongos, virus, a veces protozoos, etc.— o por priones. En el caso de los agentes biológicos patógenos de tamaño macroscópico, como los gusanos, no se habla de infección sino de infestación.

Cuando la infección o la infestación es causada por protozoos, vermes o artrópodos se habla de enfermedad parasitaria porque dichos grupos han sido estudiados tradicionalmente por la parasitología.

 

Infección

 

Infección es un término clínico que indica la contaminación, con respuesta inmunológica y daño estructural de un hospedero, causada por un microorganismo patógeno, es decir, que existe invasión con lesión tisular por esos mismos gérmenes (hongos, bacterias, protozoos, virus, priones), sus productos (toxinas) o ambos a la vez. Esta infección puede ser local o sistémica.

 

Término y generalidades

 

Infección

 

El científico francés Louis Pasteur demostró alrededor de 1877 que las bacterias son la causa de muchas enfermedades al lograr cultivar los microorganismos responsables del carbunco a partir de sangre de animales enfermos. Al mismo tiempo, el médico alemán Robert Koch estableció las condiciones que debía cumplir una enfermedad para ser considerada infecciosa, a las que se llamó "postulados de Koch".

Usualmente, el término infección suele confundirse con los términos colonización y enfermedad; Sin embargo, los microorganismos que colonizan al ser humano (sea por un período breve, como horas o días, o permanentemente) no alteran las funciones normales del hospedero y la enfermedad es la interacción entre el microorganismo y el ser humano que ocasiona daños en el anfitrión humano.

 

Aunque todos los organismos pluricelulares son colonizados en algún grado por especies exteriores, la inmensa mayoría de estas habitan en una relación simbiótica o sin consecuencias para el huésped (comensalismo). Un ejemplo de lo anterior, son las especies de bacterias anaerobias que colonizan el colon de los mamíferos; otro ejemplo son las distintas especies de estafilococos existentes en la piel humana. Algunas características de las infecciones son dolor e irritación. Una infección activa es el efecto de una lucha en la cual el organismo infectante trata de utilizar los recursos del huésped para multiplicarse, a costa del mismo. El estado de la infección es, de manera frecuente, simplemente cuestión de las circunstancias. Casi todo organismo, en las condiciones adecuadas, puede volverse patógeno y casi ningún organismo, si está presente en pequeñas cantidades y en áreas bien protegidas por el sistema inmunitario del huésped, puede llevar a cabo una infección comprometedora.

 

Agentes infecciosos

 

Los agentes infecciosos son portadores de antígenos, proteínas capaces de desencadenar una respuesta inmune. Una parte importante de estos agentes infecciosos son microorganismos. Los microorganismos patógenos pueden ser bacterias, hongos, protozoos o algas microscópicas. Además de estos microorganismos, existe otro grupo de partículas acelulares que a menudo no se consideran seres vivos, pero que si son microscópicas y suelen presentar una alta patogenicidad. Se trata de los virus, los viriones y los priones. En general, son más conocidas las infecciones a plantas y a animales, aunque todos los organismos vivos pueden ser infectados.7 Las bacterias también pueden ser infectadas por virus conocidos como bacteriofagos, aunque en estos casos se suele hablar con frecuencia de parasitismo.

 

Medicina e infección

 

Las enfermedades infecciosas suelen clasificarse por el tipo de microorganismo que las origina, por la vía de transmisión y por sus síntomas. Más adelante se muestra una tabla con las enfermedades más comunes causadas por bacterias, virus, hongos y protoctistas. Los viroides y los priones son partículas microscópicas que también tienen carácter patógeno. Los viroides infectan vegetales causando generalmente una disminución del crecimiento de la planta. Un ejemplo de enfermedad causada por viroides es la enfermedad cadang-cadang, típica principalmente de algunos cocoteros. Los priones proteínas con formas anómalas que son capaces de inducir deformaciones en las proteínas de los organismos, pueden causar enfermedades como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob en los humanos o la encefalopatía espongiforme bovina o "mal de las vacas locas" en algunos animales .

 

Más allá de la esfera individual de una enfermedad infecciosa, se considera que se produce una epidemia cuando se dan numerosos casos de una misma enfermedad en una comunidad o en un área geográfica reducida. Se considera que tiene lugar una pandemia cuando una enfermedad infecciosa tiene lugar en áreas geográficas muy extensas a lo largo de todo el planeta. Por último, una enfermedad infecciosa se considera endémica cuando incide de forma constante y regular en una comunidad, aunque el número de casos no sea alto. La ciencia que estudia los niveles de afectación de las enfermedades se conoce como epidemiología.

 

Factores

 

Las variables que se ven envueltas en la producción en un huésped al que se le ha inoculado un patógeno y el resultado final, son:
1. La ruta de entrada del patógeno y el acceso a las zonas del huésped que gana el patógeno.
2. Período de incubación.
3. Cantidad de gérmenes.
4. La virulencia intrínseca del organismo particular (Capacidad de multiplicación).
5. Toxicidad.
6. Poder de invasión.
7. Tiempo de actuación.
8. Asociación microbiana.
9. El estado inmune del huésped que está siendo colonizado.

 

Fases de infección

 

Las etapas de las infecciones líticas y lisogénicas pueden ser distintas que las de otros virus cuando atacan células eucariotas. Pero la mayoría de los animales muestran patrones de infección similares a la infección lítica o lisogénica de bacterias.


Infección Lítica: En una infección, un virus penetra en una célula, hace copias de sí mismo y destruye la célula. Por ejemplo el bacteriófago T4 tiene un centro de ADN dentro de una intrincada cápside de proteína que se activa al contacto con una célula huésped. Luego inyecta su ADN directamente dentro de la célula huésped, que ya no distingue entre su ADN y el ADN del virus. Por tanto comienza a producir ARN mensajero con los genes del virus. El MARN se convierte en proteínas de virus que actúan como una cuadrilla de demolición molecular y despedazan el ADN de la célula infectada, que deja de funcionar. Luego, el virus toma el material de la célula huésped para hacer miles de copias de su molécula de ADN, con el que se arman nuevas partículas virales. En poco tiempo, la célula infectada sufre lisis, es decir, se rompe, y libera cientos de partículas virales que pueden infectar otras células. Como la célula se rompe y se destruye, el proceso se llama infección lítica.


Infección lisogénica: En una infección lisogénica, un virus integra su ADN en el ADN de la célula huésped y la información genética viral se duplica junto con el ADN de la célula huésped. A diferencia de los virus líticos, los lisogénico no destruyen de inmediato al huésped, sino que permanecen inactivos por un periodo prolongado. El ADN viral incorporado en el ADN de la célula huésped se llama prófago. El prófago puede formar parte del ADN de la huésped durante varias generaciones antes de activarse. Un virus quizá no permanezca indefinidamente en forma de prófago. Al final, los diversos factores pueden activar su ADN, que entonces se desprenderá del ADN de la célula huésped y dirigirá la síntesis de nuevas partículas virales.

 

Los seres vivos disponen de mecanismos para evitar las infecciones, en el caso de los vertebrados, los principales mecanismos son la piel y las mucosas. No obstante, algunos microorganismos consiguen adentrarse en el organismo y producir una infección, lo que hace que se desencadene una primera respuesta inmune no específica. Al poco tiempo, usualmente comienza a desarrollarse una respuesta específica para el tipo concreto de microorganismo invasor con el objetivo de eliminarlo. Para algunas infecciones, existen tratamientos médicos que ayudan a combatir la proliferación del microorganismo invasor.

 

Defensas externas

 

La primera barrera con la que cuenta el ser humano para evitar una infección es su piel, que aísla el interior de su cuerpo del exterior. Además, la piel humana tiene un ligero carácter ácido que dificulta la vida de determinadas bacterias. Otros animales se sirven de la piel además de otros mecanismos físicos como escamas o pelo. Sin embargo, los cuerpos de los vertebrados cuentan con orificios por los que una infección podría llevarse a cabo. Por esta razón, las mucosas suponen una segunda barrera para evitar una infección. Algunas de estas mucosas tienen un fuerte carácter ácido, lo que impide en ellas la supervivencia de algunos microorganismos, ejemplos de esto son la de la vagina, o la del aparato digestivo. Estas secreciones son mecanismos químicos, como el sudor, las secreciones ácidas del estómago o la lisozima de las lágrimas y de la saliva. A estos mecanismos físicos y químicos se suman las defensas externas microbiológicas, constituidas por el bioma, flora bacteriana autóctona que compite por los recursos con los microorganismos patógenos.

 

Respuesta no específica

 

Una vez acontece la infección, en el organismo se desencadena una respuesta con el objetivo de combatirla. Esta primera respuesta es general e independiente del tipo de microorganismo invasor. Las células con mayor responsabilidad en esta primera respuesta inmune son los leucocitos, entre los que se encuentran los neutrófilos y los monocitos maduros convertidos en macrófagos. La principal función de los macrófagos es fagocitar los microorganismos invasores para destruirlos y, además, presentar antígenos o fragmentos de estos a los linfocitos T (mediante el complejo mayor de histocompatibilidad) para desencadenar una respuesta inmune específica contra el antígeno en cuestión. El Sistema del complemento, un tipo de [proteína] plasmáticas, también juega un importante papel en esta fase, ya que se encarga de producir la lisis de los patógenos y de unirse a su membrana para facilitar su unión con otras células inmunes. En esta fase de la infección tiene lugar la inflamación, que permite una mayor afluencia de leucocitos y una mayor permeabilidad de los tejidos a las células plasmáticas.

 

Respuesta específica

 

Es la respuesta que se desarrolla de forma específica ante un tipo determinado de microorganismo infeccioso. Los macrófagos que han fagocitado antígenos, "presentan" estos antígenos o fragmentos de ellos a un tipo concreto de linfocito T, los linfocitos colaboradores, que se encargan de reconocer el antígeno y de "ordenar" a los linfocitos B que produzcan anticuerpos (unas glicoproteínas también conocidas como inmunoglobulinas). Los anticuerpos facilitan la destrucción de los antígenos de forma directa (por precipitación y aglutinación) y también de forma indirecta ayudando a otras células como macrófagos, linfocitos citotoxicos o células asesinas naturales a identificarlos y destruirlos. Otras moléculas implicadas en la respuesta inmune son el sistema del complemento y el interferón. Los linfocitos T supresores atenúan o detienen la respuesta inmune cuando el patógeno ha sido destruido.

Inmunidad natural, artificial, activa o pasiva.

 

Se considera como inmunidad inducida artificialmente toda respuesta inmune facilitada por un procedimiento médico o farmacéutico, por contraste con la inmunidad natural que tiene lugar sin necesidad de una intervención médica (aunque puede no ser innata, como la inmunidad del feto que le es proporcionada por el plasma materno en la placenta. Se considera inmunidad activa a toda aquella que requiere de la respuesta del sistema inmune del individuo, un ejemplo de este tipo de inmunidad es la proporcionada por vacunas, que todavía requiere la producción de células inmunes y anticuerpos por parte del organismo. Se considera inmunidad pasiva a aquella que no requiere la puesta en funcionamiento del sistema inmune del organismo.

 

Para el control de los microorganismos se utilizan a menudo mecanismos físicos, como el aumento de la temperatura, que no son aplicables en los seres vivos. Para ello se recurre a los agentes antimicrobianos químicos de uso externo, principalmente esterilizantes como el formaldehído, desinfectantes como la lejía o antisépticos como el agua oxigenada. Muchas de las enfermedades producidas por microorganismos se tratan con quimioterapia, que presentan toxicidad selectiva. Según su origen, se clasifican en antibióticos (de origen natural y efectivos principalmente contra bacterias aunque también contra algunos hongos), y en agentes quimioterapéuticos sintéticos (como el AZT) útiles contra otros tipos de agentes infecciosos como los virus. Además del tratamiento, una vez producida la infección, las autoridades sanitarias hacen especial hincapié en la prevención para evitar que esta se produzca.

 

Hipersensibilidad

 

El concepto de hipersensibilidad se relaciona con lo que habitualmente se conoce como alergia, fenómeno que consiste en una reacción de defensa por parte del sistema inmune ante un elemento no patógeno, como si este fuera un agente infeccioso. Este concepto también está relacionado con el término anafilaxia.

 

Origen y evolución

 

Los microbios, en particular las bacterias, fueron las primeras formas de vida y colonizan a la flora y fauna desde que estas se crearon. La evolución ha resultado en una versatilidad metabólica tan grande que las bacterias pueden sobrevivir a las condiciones más adversas. Los microorganismos pueden tener vida libre, ocupar un ambiente sin relación metabólica con el anfitrión (inquilinismo), utilizar en ocasiones las fuentes energéticas del hospedero (comensalismo y saprofitismo), asociarse con el anfitrión para obtener un beneficio mutuo (simbiosis) o depender totalmente del anfitrión causando enfermedad (parasitismo).

 

El género Homo aparece hace 3 millones de años, con la especie habilis después de un Australopithecus boisei bipedal. La evolución se asoció a un cambio del hábitat arbóreo y terráqueo al casi ilimitado que otorga el bipedalismo lo que provocó un cambió de la dieta vegetariana a la omnívora y condicionó el carácter "cazador-recolector". La organización de los homínidos durante la época del descubrimiento del fuego hace 100,000 años consistió en bandas de aproximadamente 50 individuos que eran nómadas. En esos tiempos y bajo estas condiciones, las enfermedades infecciosas fueron las de sus primates antecesores, por ejemplo: infecciones con periodos de latencia prolongados, capacidad de transmisión muy elevada, relativamente benignas, asintomáticas o latentes como el herpes simple, varicela-zóster, treponematosis y la hepatitis B. Esto se planteó a raíz de un estudio en amerindios amazónicos completamente aislados de la civilización (no menos de 200 Km del poblado más cercano) que no tenían conocimiento de la agricultura o el pastoreo donde se encontraron anticuerpos contra virus del herpes simple, virus de Epstein-Barr, Treponema pallidum, citomegalovirus y el virus de la hepatitis B.

 

Estas infecciones permanecieron de esta manera hasta la agricultura y la domesticación de los animales (12 o 13 mil años) donde aparecieron las zoonosis. Con los perros, los humanos adquirieron la rabia y el sarampión; los gatos propiciaron la aparición de toxoplasmosis; los caballos, el muermo y los rinovirus; las cabras, la brucelosis; los cerdos, las teniosis, salmonelosis e influenza; los bovinos, la tuberculosis, teniosis y difteria; del búfalo de agua, la lepra; y de los pericos, la ornitosis. No obstante, existen claras diferencias entre las infecciones en estos animales y el hombre.